miércoles, 10 de octubre de 2007

Simplemente Titon


Titón y la cubanía


Tomás Gutiérrez Alea nació en La Habana en 1928. Estudió Derecho en la Universidad de La Habana. En su adolescencia filma algunos cortos experimentales con una cámara de 8 milímetros. No ejerce como abogado; tan pronto como termina sus estudios, parte hacia Roma a estudiar dirección cinematográfica.En Roma, el joven Titón, criollo y habanero, descubre una rica realidad. La cultura italiana, una de las más importantes del continente, estaba en plena efervescencia con el nacimiento y desarrollo del cine neorrealista, uno de los grandes movimientos culturales del siglo XX. Al mismo tiempo, en esta Italia predominaban las más importantes corrientes del pensamiento político y social de su tiempo. Este descubrimiento del mundo, que iría desde un cine nuevo, hasta el ansia de una sociedad nueva y más justa, influyeron sin dudas y dejaron su impronta en la formación de Gutiérrez Alea, quien regresa a Cuba en 1953. Con sólo 25 años, una sólida cultura, y un tumulto de ideas y proyectos, colabora activamente en la Sociedad «Nuestro Tiempo», un hervidero de ideas y proyectos culturales y sociales en la Cuba de esa época. Era el momento en que se avecinaba para su patria un camino de encrucijadas históricas.En I 955, colabora con Julio García Espinosa en la dirección de El Mégano donde participaron además como guionistas Alfredo Guevara y José Massip. La fotografía estuvo a cargo de Jorge Haydú.
El Mégano es un crudo y hermoso documental sobre la vida dura de los olvidados carboneros de la Ciénaga de Zapata, una zona terriblemente pobre en la Cuba de entonces.El documental se eleva del nivel de la simple denuncia social hasta alcanzar una dimensión poética, y ser, de hecho, la piedra angular sobre la que se fundaría el cine de lo que en pocos años sería el movimiento cinematográfico de la Revolución Cubana.
Con su esposa,la actriz Mirta IbarraEl Mégano fue secuestrado por las autoridades y sus realizadores fichados por la policía. En los años siguientes, años de gran convulsión política del país, sobre todo entre el '56 y el '58, Gutiérrez Alea dirige pequeños cortos documentales, reportajes y cortos publicitarios en una productora cinematográfica nacional llamada Cine Revista. Titón ensayaba las técnicas y maduraba como creador.Al triunfo revolucionario, el primero de enero de 1959, este joven artista se incorpora de inmediato a la inmensa gesta cultural que la Revolución traía consigo. En el propio 1959, tomando como tema la secular situación de hambre y miseria que vivió el campesinado cubano, Titón realiza: Esta tierra nuestra. Fue su primer documental con una factura y nivel artístico a la altura de las intenciones de la época defínitoria en que fue producido.Este documental sirvió como propaganda para la Ley de Reforma Agraria, algo que definió el carácter radical y profundo de la Joven Revolución Cubana.En I 960, con la fotografía de Otello Martelli, una de las grandes figuras del neorrealismo, Titón realiza el primer filme de largometraje del cine de la Revolución Cubana. Historias de la Revolución, estrenado en diciembre de 1960. Su exhibición conmocionó no sólo a la intelectualidad cubana, sino también al gran público. El filme comunicaba fácilmente y tenía una factura altamente decorosa. Se podía decir que el nuevo cine alcanzaba su primera obra. Al año siguiente, en 1961, se produce la invasión mercenaria a Playa Girón, allí Gutiérrez Alea toma partido de forma defínitoria y trabaja para el noticiero ICAIC como corresponsal de guerra. Dirige junto a Santiago Alvarez Muerte al Invasor, una joya del cine militante, producido bajo una altísima tensión política y social. No es ocioso recordar que con la invasión de Playa Girón fue proclamado el carácter socialista de la Revolución Cubana. Las Doce Sillas es una deliciosa comedia, realizada en 1962 y que todavía conserva, porque pueden apreciarse en ella, las huellas del neorrealismo. El filme se deleita en situaciones que reflejan el entorno social de una época, a la par que muestra un humor disparatado y efectivo donde la irreverencia ocupa un lugar destacado. Era ya para el director y para el cine cubano, una obra de madurez.En 1966, con la Muerte de un burócrata, brotan en este creador rasgos de excelencia hacia un cine impecable, donde todavía la huella del neorrealismo persiste. En una peculiar síntesis de humor negro y surrealismo, Titón hace un homenaje a quien él consideraba su maestro: Luis Buñuel.Así, en un espiral de madurez artística que avanzaba de filme en filme, Titón dirige en 1968 Memorias del Subdesarrollo, su obra cumbre, y sin dudas una de las obras mayores del cine cubano y latinoamericano de nuestros tiempos. De ésta se ha hablado mucho y en todas las latitudes. Nadie duda que este filme realista, directo, duro y sincero, es una referencia obligada para quien quiera conocer la Cuba de esa época.Había logrado un filme profundamente visceral y quizás autobiográfico. Es su mejor filme, su obra maestra, la cual se puede ver de año en año y encontrar cada vez nuevas aristas. Memorias... es de esos raros filmes que gana con el tiempo.En 1971 Titón emprende la colosal tarea de basarse en un relato inspirado en Don Fernando Ortiz para producir un filme artísticamente muy ambicioso Una pelea cubana contra los demonios. El resultado fue quizás el más fuerte fracaso que debió afrontar Titón, lo cual fue reconocido por él públicamente. Por nuestra parte podemos decir que una obra ambientada en el siglo XVII y repleta de metáforas, no respondía a la cuerda esencial de Titón. En nuestra opinión, un autor fuertemente atado al realismo y a la expresión directa, casi documental, no se correspondía con aquel filme.La Última Cena, ambientada también en una lejana época histórica es su filme de 1976, y arroja luz y elementos de relación sobre el presente. En este filme es notable el uso de actores negros y la madurez con que Titón maneja el tema de la esclavitud y la hipocresía clerical. Para muchos, incluyendo el que redacta estas líneas, es su mejor película después de Memorias... y de alguna manera son dos obras con puntos de vista y obsesiones muy comunes.En 1983, Titón vuelve a reverdecer laureles con Hasta Cierto Punto, película ambientada en y con los trabajadores del Puerto de La Habana. Otra vez se impone el estilo realista que lo emparenta con el documental y con la influencia del neorrealismo.Entre Memorias... y La Última Cena, pasaron ocho años, y pasarían otros cinco más para que con Hasta Cierto Punto, lograra una obra descollante. Por entonces ya el artista tenía casi 60 años, algunos decían: un viejo, para un cine que siempre ha rendido culto al talento joven.Un día supimos que Titón estaba enfermo, era un secreto guardado primero por familiares y amigos y después por la familia cinematográfica. Pero así y todo todavía le quedaba por realizar un combate contra la enfermedad, la vejez y los tabúes.En 1993, con 67 años, este hombre inagotable vuelve a colocar su obra al lado de Memorias... y La Última Cena. Fresa y Chocolate aborda un tema tabú, echa una ojeada crítica a la sociedad de nuestros días y llega a todos dentro y fuera de Cuba. Está de nuevo aquí el Titón realista, directo, sincero, irreverente y por momentos vitriólico.Pero no poco hace el filme que le sigue, Guantanamera, para inducir a la reflexión y develar realidades. Aquí hay una especie de broma del más denso humor negro del autor con la muerte, que sabía inevitable. Murió trabajando, creando y elevando el nivel artístico de nuestra cultura nacional.Si algo podemos decir en unas líneas, es que fue, en su búsqueda de la verdad, su tenacidad, y su ética, en su humor a veces cáustico, profundamente cubano. Su muerte; aún reciente, deja un legado de filmes que nuevas generaciones de espectadores, críticos y cineastas disfrutarán y analizarán como testimonio del tiempo que les tocó vivir.

Cortesía de la Revista Habanera

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